Categoría: Poemas Chiquitos
Poema pequeteque

Apenas sos latido,
pececito dorado,
bailoteando en la cuna más perfecta.
Sin embargo,
cuánto ruido has causado,
cuánto rodar de sueños
e ilusiones trocadas.
Has cambiado los ritmos
de dos, que serán padres
y hoy sueñan diferente
porque piensan futuro
con olor a juguetes.
En nosotros, los otros,
que estamos de convite,
el recuerdo de aquellas
emociones profundas
de otros ciclos cumplidos.
LLegarás en verano,
tal cual lo hizo tu padre.
Y el universo girará
en los cristales
ingenuos de tus ojos.
Mamá mece su vientre.
Papá extiende su brazo.
La vida se renueva,
el mundo aquieta el paso
con son de campanitas.
El duende de los niños,
ya viene de puntillas,
se dormirá a tu lado
y velará en silencio,
atento a este milagro.
Lucrecia E. Marote
29, oct | 2 comentarios lucreciamarote En: Poemas Chiquitos Poesia del Autor Asuntos de familia De la vida y el mundo compártelo Tags: ninos, bebes, nieto, milagros, nacimiento
Cuando al poeta se le acaban las palabras, pide prestada una canción...
O nana para mi primer nieto...
24, sep | 8 comentarios lucreciamarote En: Mis canciones Poemas Chiquitos Asuntos de familia videos compártelo Tags: amor, hijos, serrat, parto, espera
Lara

Para Rodrigo (mi hermano más pequeño) y Angélica.
Atenta y vigorosa,
la niña de mi niño;
se ató a la vida.
Con manito inquieta
quiso llenar su nido
de tibias mamaderas.
Y los dos, que se aman
desde que usan memoria,
agigantaron alas
para armar una cuna.
Lara, tendrá, seguramente,
la chispa de los ojos
de su madre.
Y el sensible talento musical,
de su padre.
También, el son carioca y
el verbo del abuelo
que espía desde el cielo;
La energía vibrante
de las mujeres que afanosas,
tejen escarpines
con sus sueños.
Hoy crece como luna.
el vientre que la acuna.
Y cada tardecita,
es público selecto
de un concierto de cuerdas
y colores.
Ya no hay ninguna duda:
Nacerá con estrella.
Lucrecia M.
24, nov | 8 comentarios lucreciamarote En: Poemas Chiquitos Poesia del Autor Asuntos de familia compártelo Tags: poesia, familia, ninos, amor, hermanos
Quiero este día...
Para Lucrecia, en su día
Quiero este día palabras bonitas,
dulces, suaves y chiquitas...
para ponerlas, mi niña,
en tus manos pequeñitas.
Quiero flores y colores,
rosas, nardos y violetas,
un ruiseñor y su flauta
y un pintor con su paleta.
Quiero también una estrella,
que brille como ninguna,
para colgarla en tu cuarto
y siempre me veas en ella.
Quiero que cantes y llores,
que sientas la primavera,
porque entre todas las flores,
¡eres tú, la flor más bella!
Quiero que seas como eres,
sencilla, buena y hermosa,
que me mires azabache
y me sonrías mimosa.
Poquita cosa es mi verso,
pero te doy lo que soy,
para que sueñes mis sueños
y vayas adonde yo voy.
Muñeca de pelo largo,
te dejo con tus muñecas,
tus ojos miran por ellas
y yo, miro por tus ojos.
Ah! olvidaba decirte,
hoy, no iremos a clase!
Es día del estudiante...
Por ser mi mejor "alumna"
y la primera que tuve,
te doy este libre pase
al reino de la ilusión:
corre, sueña, juega, ríe...
escucha mi corazón!
dile bajito a los vientos
que no olviden mi misión...
que cuenten al ratoncito
de los dientes de algodón,
que escondes bajo tu almohada,
tres años de libros y borrador,
para que dejen en un rinconcito:
un hada, un poco de queso y un pizarrón,
Ines Edvina Sánchez*
21 de setiembre de 1968
* Era mi madre. Murió veinte dias después de escribir este poema, a los 33 años. Y desde ese día la veo en esa estrella.
21, sep | 4 comentarios lucreciamarote En: Poemas Chiquitos Poesia del Autor Asuntos de familia compártelo Tags: madre, hijos, poesia, gracias, poemas, primavera, estudiante
Con mirada de niño...
Me mira a veces
el niño que llevo a mi costado.
Se despeja la risa.
Navega en un barquito de papel, previo plegado.
Se pone de cuclillas,
para estar a la altura de mi mano extendida.
Tiene los ojos
del color de la estación en curso.
No pide nada más que lo accesible.
Cree en hadas y duendes
que juegan en rincones verdeoscuros.
Me mira a veces.
Anhelo desde mi alma de modesta adultez;
atrapar un hilito de su luz.
Para ir tejiendo, esa clara inocencia,
que veo cada tanto, en mis espejos.Lucrecia M.
15, dic | 9 comentarios lucreciamarote En: Poemas Chiquitos Poesia del Autor compártelo Tags: poesia, nino, vida
Se ha caido una estrella...

Se ha caído una estrella
en la cuna del niño
y entibia con verguenza,
pincelándole el nido.
Con luz de estrella tonta
que del cielo ha caído.
El niño se despierta,
al ver la estrella, ríe.
¿Cómo se cayó la estrella?
¿Se bajó por un hilo?
¿Quiso jugar con él a la rayuela?
O tal vez ... ¿se ha perdido?
La estrellita lo mira colorada.
(No es cosa seria, del cielo,
haberse caído)
El niño comprende con ternura,
la acaricia un poquito.
Y ella se queda feliz en esa cuna,
donde encontró un amigo.
Lucrecia Elizabeth Marote
19, oct | 4 comentarios lucreciamarote En: Poemas Chiquitos Poesia del Autor compártelo Tags: hijos, chicos, poemitas
Como te sueño, hijo...
No tenía veinte años cuando dias antes de concebir mi primer hijo, escribí:

Quisiera darte, hijo, una promesa,
un canto azul de leve melodía
arrorró mi niño, duermete sin miedo,
estaré velando para tu alegría.
Cuando las mañanas me tiendan triunfales,
el nuevo milagro de tu carne viva,
subiré con prisa, hacia las estrellas,
para regalarlas a tus manos limpias.
Y cuando tú mismo sepas del espacio,
del tiempo sutil, dándote su tiempo,
cuando tú, pequeño, sepas del milagro,
y escribas un libro, o plantes un árbol.
Allí yo estaré, cargada de años,
viviendo de nuevo, tu mano en mi mano,
sintiendo mi alma, para renovarlo,
a mi principito, transparencia y canto.
Por eso, en el alba de mis días nuevos,
aún con mi infancia, trayendo recuerdos,
te prometo, hijo, mil palomas blancas
y la libertad de ganarte el cielo.
Gracias Juan Pablo, Gracias Diamela.Por ustedes soy una mamá muy feliz. Lucrecia
15, oct | 4 comentarios lucreciamarote En: Poemas Chiquitos Poesia del Autor compártelo Tags: hijos, poesia, amor
Matías y el surubicito (sólo para almas de niño)

Matías, tiene siete años. Vive en una isla santafesina, con sus padres y sus seis hermanos. Tiene los pies eternamente descalzos y todo el sol del litoral pintándole la cara. Es un niño feliz. Cada mañana se despierta con el ensordecedor bullicio de las cotorras que habitan en un inmenso paraisal que queda cercano a su casa. Cuando abre los ojitos, siente el olor del chipá que su mamá esta haciendo en la cocina y sabe que seguramente habrá un rico matecocido dulce y calentito esperándolo. Y si es principio del mes y el papá fue a buscar la provista, seguramente leche y alguna otra cosa rica también... Hoy esta más contento que nunca, porque sabe que es el primero de los diez días que tiene libres de ir a la escuela, pasados esos diez, habrá otros diez que deberá asistir con sus hermanitos. La escuela le gusta y el maestro es muy bueno, pero lo que más le gusta a Matías, es acompañar a su papá a pescar en la canoa... Y hoy, precisamente hoy, es uno de esos días...
La mamá le sonríe cuando lo ve... —Que rápido te levantaste hoy Mati... ni que supieras que el papá te esta esperando!!—
Luchando con el camalotal que se amontonó en la orilla, el papá de Matías acomoda los enseres de pesca en la canoa.-- Hace poco pintaron la canoa, piensa Matías... está linda --. Ayuda a su papá a acomodar las líneas, los bogueros, la lata de las morenas y un atadito de pan que su mamá siempre les prepara.
Con el movimiento de los remos, se acordó de la vez que vieron en el arenal nuevo, la familia de yacarés... Tomaban solcito, caminaban despacio , cuidando a los recién nacidos...Nunca mas los volvió a ver...Su papá contó, una vez, al regresar del pueblo que alguien los había matado. El no entendió bien eso ni lo entendía ahora... ¿matarlos? ¿Para qué? ... Era tan lindo verlos. Su abuelo le había contado que quedaban poquitos en las islas... ¿cómo había dicho el maestro?. Ex..., ex... ¡Sí!... extinción... Era cuando los animales iban despareciendo para siempre porque el hombre los mataba...
Matías siempre iba mirando las costas, porque de vez en cuando lo sorprendía algo: los monos carayá , que le hacían mucha gracia; algún pájaro que nunca había visto, algún árbol raro...
Cuando iba a pescar sentía que miles de hormiguitas le caminaban por el pecho...
Su papá hablaba poco y en especial cuando pescaba. Por eso él iba buscando siempre, algo en que distraerse, hasta llegar al lugar en donde, seguro habría pique...
Esta vez metía la mano en el agua para mojarla, después la sacaba despacito la ponía al sol y contaba el tiempo en que su mano tardaba en secarse... A veces era más, a veces menos. Él esperaba que tardara exactamente lo mismo, para después inventar otro juego... Mientras hacía esto, miraba con ternura las espaldas de su papá remando lento en contra de la corriente.
El sol le daba de pleno en la cara y tenía las dos manos al costado de la canoa... Tuvo un poco de sueño. Cerró los ojos. De pronto, asustado, sintió que algo o alguien le tocaba el dedo. Pegó un salto. El papá desde el frente de la embarcación le dijo: –¡ Matías! Quédese quieto m´jito... —
Mati, se quedó de nuevo inmóvil ; pensando que era una rama lo que le había tocado el dedo...No habían pasado más que unos minutos cuando volvió a sentir nuevamente algo frío en la punta de sus dedos. Se incorporó como un gato... miro con sigilo... y entonces lo vió...
Era un surubí cachorro, como decía su padre, gricecito, con pintas negras y enormes bigotes en la trucha... --¿Qué haces vos acá?—le dijo, contrariando a su mamá que siempre le decía que los animales no hablan. Y el surubicito respondió: -- Estoy perdido... -- Anoche unos hombres vinieron con unas redes grandotas y atraparon a toda mi familia... —Pero si no se puede pescar con malla... --dijo Matías.. -- ¡Ah, no sé!—, le contesto triste el pececito. El nene pensaba y pensaba que podía hacer con ese nuevo amigo, al que había encontrado en el medio del Paraná. Pensaba y pensaba. Y le dijo: --¿Que te parece si nos seguís y te venís a vivir conmigo?... Bah, conmigo no, porque los peces viven en el agua. A la costa de mi casa, digo... — ¿Con quien hablás, Matías? – dijo el papá riéndose.-- Este... con nadie -- Contestó el nene, seguro de que los grandes nunca entienden de estas cosas.
Durante el resto de la jornada, el surubicito siguió atento a la canoa; hasta que a la hora del regreso, ya bastante cansado de nadar y nadar, iba casi tomado del dedo de Matías, que de tanto pasársela en el agua estaba todo arrugadito. Llegaron a la casa... Vos quedate por acá... yo voy a darte de comer todos los días... —dijo el nene, mientras el pececito hacia piruetas de alegría en el agua marrón.
A partir de ese día, todas las mañanas, los amigos se encontraban a la orilla, en un costadito del camalotal grande, Matías le traía miguitas y el surubicito le agradecía con alguna nueva pirueta.
Hasta que el surubí creció, y dijo que tenia que alejarse de ahí e ir río abajo, porque también él deseaba tener su propia familia. Matías estaba triste, pero entendió...
Ese día, el surubí, dejó que el nene le acaricie el lomo despacito, en forma de despedida... y dando la última pirueta divertida, se zambulló en el río.
Lucrecia Elizabeth Marote – Reconquista – Santa Fe
6, oct | 5 comentarios lucreciamarote En: Poemas Chiquitos compártelo Tags: reconquista







