* Republico este poema, en homenaje a todas las mujeres que no tienen voz.

Tómate tu tiempo, remienda palabras.

No por obediencia sino por desearlas.

Arréglate el pelo, acorta las faldas.

Y nunca permitas que alguien te acobarde con la mano alzada.

Amarra tus goces pero sin plegarias.

Disfrútalo todo. Sé fiel a vos misma.

No estatua callada.

Que salga del aire el miedo que tengas.

Te quiero con alas.

Anímate un poco. (Como si jugaras)

Vas a ver, de pronto, que tus ojos cambian.

Hay en su destello lo que desterraras.

Cuando el que hace sombra sobre tu planicie,

vea que has crecido.

¡Te verá tan alta!

Que será imprudente

erguir dominante esa puñalada.

Lucrecia M.