La senda bifurcada,

en dos amores,

el alma en pedacitos

de cristales...

que escorian y estremecen.

No es fácil elegir,

cuando en las venas,

la sangre se atomiza

como fuego y no miente.

Mas allá, está el camino.

La paz

y la certeza de este hoy imperfecto.

Quiero quedarme en vos.

Y también irme.

Quiero lavar con lluvia,

descalza de dolores,

cuando el sol me ilumine.

Lucrecia E. Marote