Las cosas no son así, están así... (Paulo Freire)






El docente Carlos Fuentealba es auxiliado por médicos luego del artero ataque de la Policía de la Provincia de Neuquén.
(foto: - RIO NEGRO ON LINE)

Hoy tengo mucha verguenza ajena. Pudo ser
cualquiera de nosotros. La víctima.El que asesinaron.
¿Cómo alguien que eligió enseñar, pudo ser el blanco de una granada? ¿Qué pensó el que lo hizo? ¿Y el que dió la orden de reprimir?
He asistido en los últimos años a incontables marchas reclamando los derechos del docente. Jamás hubo en ellas, algo que indique que somos PELIGROSOS.¿A qué se debió entonces la salvaje represión? ¿Necesitaban hacerlo de ese modo?¿Desde cuándo el reclamo de tiza y borrador, fué una amenaza para alguien?
Hemos elegido una de las profesiones más difíciles que conozca. Porque un maestro argentino, mal pago, con obras sociales que no amparan una atención médica digna, hemos sido: psicólogos, nutricionistas, enfermeros, asistentes sociales ... y hasta cumplimos el rol de padres en ocasiones de ausencia.
Tengo tanta verguenza.

¿Cómo se le explica a los hijos de Carlos Fuentealba ? ¿Y a los alumnos que el año pasado lo proclamaron "El rey de los profesores"? ¿Qué nos está pasando? ¿No podemos diferenciar dónde está el verdadero peligro?
Vengo del palo de aquellos maestros que trabajamos en el campo, llegando a dedo a nuestras escuelas.Que le restábamos tiempo a nuestros propios hijos para paliar el dolor de los hijos ajenos. Que compramos zapatillas con nuestros pobres sueldos, sólo para que ese niño no faltara más.Que viajamos en lancha, en autos desvencijados, en motos pagadas a plazos. Que dictamos nuestras clases en escuelas que se caen a pedazos.
Del palo al que pertenecía Carlos. Él quería trabajar en lugares carenciados.Porque esa es la esencia de un maestro argentino. Y la lucha por nuestra integridad, también constituye un mensaje que debemos dejarle a nuestros alumnos.
Por todo ello: perdón Carlos, perdón compañero.
Quiero pensar que no saben lo que hacen. De lo contrario debería descreer de la justicia de mundo.

Lucrecia M.