Matías, tiene siete años. Vive en una isla santafesina, con sus padres y sus seis hermanos. Tiene los pies eternamente descalzos y todo el sol del litoral pintándole la cara. Es un niño feliz. Cada mañana se despierta con el ensordecedor bullicio de las cotorras que habitan en un inmenso paraisal que queda cercano a su casa. Cuando abre los ojitos, siente el olor del chipá que su mamá esta haciendo en la cocina y sabe que seguramente habrá un rico matecocido dulce y calentito esperándolo. Y si es principio del mes y el papá fue a buscar la provista, seguramente leche y alguna otra cosa rica también... Hoy esta más contento que nunca, porque sabe que es el primero de los diez días que tiene libres de ir a la escuela, pasados esos diez, habrá otros diez que deberá asistir con sus hermanitos. La escuela le gusta y el maestro es muy bueno, pero lo que más le gusta a Matías, es acompañar a su papá a pescar en la canoa... Y hoy, precisamente hoy, es uno de esos días...
La mamá le sonríe cuando lo ve... —Que rápido te levantaste hoy Mati... ni que supieras que el papá te esta esperando!!—
Luchando con el camalotal que se amontonó en la orilla, el papá de Matías acomoda los enseres de pesca en la canoa.-- Hace poco pintaron la canoa, piensa Matías... está linda --. Ayuda a su papá a acomodar las líneas, los bogueros, la lata de las morenas y un atadito de pan que su mamá siempre les prepara.
Con el movimiento de los remos, se acordó de la vez que vieron en el arenal nuevo, la familia de yacarés... Tomaban solcito, caminaban despacio , cuidando a los recién nacidos...Nunca mas los volvió a ver...Su papá contó, una vez, al regresar del pueblo que alguien los había matado. El no entendió bien eso ni lo entendía ahora... ¿matarlos? ¿Para qué? ... Era tan lindo verlos. Su abuelo le había contado que quedaban poquitos en las islas... ¿cómo había dicho el maestro?. Ex..., ex... ¡Sí!... extinción... Era cuando los animales iban despareciendo para siempre porque el hombre los mataba...
Matías siempre iba mirando las costas, porque de vez en cuando lo sorprendía algo: los monos carayá , que le hacían mucha gracia; algún pájaro que nunca había visto, algún árbol raro...
Cuando iba a pescar sentía que miles de hormiguitas le caminaban por el pecho...
Su papá hablaba poco y en especial cuando pescaba. Por eso él iba buscando siempre, algo en que distraerse, hasta llegar al lugar en donde, seguro habría pique...
Esta vez metía la mano en el agua para mojarla, después la sacaba despacito la ponía al sol y contaba el tiempo en que su mano tardaba en secarse... A veces era más, a veces menos. Él esperaba que tardara exactamente lo mismo, para después inventar otro juego... Mientras hacía esto, miraba con ternura las espaldas de su papá remando lento en contra de la corriente.
El sol le daba de pleno en la cara y tenía las dos manos al costado de la canoa... Tuvo un poco de sueño. Cerró los ojos. De pronto, asustado, sintió que algo o alguien le tocaba el dedo. Pegó un salto. El papá desde el frente de la embarcación le dijo: –¡ Matías! Quédese quieto m´jito... —
Mati, se quedó de nuevo inmóvil ; pensando que era una rama lo que le había tocado el dedo...No habían pasado más que unos minutos cuando volvió a sentir nuevamente algo frío en la punta de sus dedos. Se incorporó como un gato... miro con sigilo... y entonces lo vió...
Era un surubí cachorro, como decía su padre, gricecito, con pintas negras y enormes bigotes en la trucha... --¿Qué haces vos acá?—le dijo, contrariando a su mamá que siempre le decía que los animales no hablan. Y el surubicito respondió: -- Estoy perdido... -- Anoche unos hombres vinieron con unas redes grandotas y atraparon a toda mi familia... —Pero si no se puede pescar con malla... --dijo Matías.. -- ¡Ah, no sé!—, le contesto triste el pececito. El nene pensaba y pensaba que podía hacer con ese nuevo amigo, al que había encontrado en el medio del Paraná. Pensaba y pensaba. Y le dijo: --¿Que te parece si nos seguís y te venís a vivir conmigo?... Bah, conmigo no, porque los peces viven en el agua. A la costa de mi casa, digo... — ¿Con quien hablás, Matías? – dijo el papá riéndose.-- Este... con nadie -- Contestó el nene, seguro de que los grandes nunca entienden de estas cosas.
Durante el resto de la jornada, el surubicito siguió atento a la canoa; hasta que a la hora del regreso, ya bastante cansado de nadar y nadar, iba casi tomado del dedo de Matías, que de tanto pasársela en el agua estaba todo arrugadito. Llegaron a la casa... Vos quedate por acá... yo voy a darte de comer todos los días... —dijo el nene, mientras el pececito hacia piruetas de alegría en el agua marrón.
A partir de ese día, todas las mañanas, los amigos se encontraban a la orilla, en un costadito del camalotal grande, Matías le traía miguitas y el surubicito le agradecía con alguna nueva pirueta.
Hasta que el surubí creció, y dijo que tenia que alejarse de ahí e ir río abajo, porque también él deseaba tener su propia familia. Matías estaba triste, pero entendió...
Ese día, el surubí, dejó que el nene le acaricie el lomo despacito, en forma de despedida... y dando la última pirueta divertida, se zambulló en el río.
Lucrecia Elizabeth Marote – Reconquista – Santa Fe


Qué bonito cuento...gracias Lu, besos para tí
Bellísimo el cuento,gracias por permitirle disfrutar a nuestro niño interno.
QUE CUENTO TAN EMOCIONANTE.. LA VERDAD QUE YO, QUE VIVO EN SANTAFE CAPITAL, CON LO QUE ESCRIBES ME HACE ACORDAR BASTANTE AMI INFANCIA.. ESE DISFRUTE DE LA VIDA AL AIRE LIBRE.. CON NUESTRO PAISAJE. MUCHAS GRACIAS POR ASOCIAR LAS PALABRAS JUSTAS.. HUGO MONTENEGRO.
EN QUE AÑO TE RECIBISTE? EN LA ESCUELA DE COMERCIO?
Una alegría que un coprovinciano haya llegado hasta acá y se emocione con un cuento que pretende ser para niños, pero nace de las sensaciones del ser humano en su totalidad. Si, me recibi en la Esc. de Comercio. Podes comunicarte conmigo a traves de mi direccion de correo: lucreciamarote@yahoo.com. Gracias por leerme.
Lucrecia, muy lindo poema.
Te felicito.
Una consulta: Soy amigo desde hace mucho tiempo de Liz Alejandra Marote. Perdí el contacto que tenía con ella hace bastante tiempo.
La última vez hablé con ella a Paris.
Si tienes posibilidad de pasarme su dirección de E-Mail, desde ya agradecido.
Besos:
Jorge Fernando Romero
Buenos Aires