A la esc.Nº 472- Bernardino Rivadavia

Dentro de los muros grises,

hoy se encierra el asombro.

Las letritas, los sueños,

la dulce algarabía

de ser niño de nuevo.

Ella acunó por años,

mi alma herida de pájaro.

¡Y que bien supo hacerlo!

Hoy, en mi corazón,

repica, como entonces,

la campana en un eco.

Escuela de mi infancia,

la del centro del pueblo.

La que cobija un árbol,

porque es fértil su suelo.

Quiero abrazar en vos,

a todos los que fueron

de guardapolvo blanco

y venturoso empeño.

Sean niños o adultos,

caminantes eternos...

Los lapachos dirán,

esta noche, en el viento:

Te agradezco, escuelita

que hilvanó soledades,

acarició con cuentos...

Y me envió a la vida,

como quien va a un recreo.

Lucrecia Elizabeth Marote