« Homenaje a los caidos en Malvinas.Especialmente a los ex-combatientes de Corrientes y Santa Fe | Inicio | Poema para mi escuela »
Así era ella... palabras sobre mi madre.
De mi madre sólo poseo recuerdos fragmentados, etéreos. Como las piezas de un puzzle, en las que quizá, si pusiera empeño en armar podrían constituir un recuerdo. Esas imágenes, son extrañas, casi corpóreas. A veces, a lo largo de mi vida he intentado asirlas, para disfrutar mas de esos pensamientos, pero casi no lo he logrado. Pero esas imágenes son bellas. Tienen fuerza. Tienen brillo. Tienen esa extraña cadencia del recuerdo que perdura a través de las horas infinitas y que quizás uno, inconscientemente, ha ido dándole pigmentos, olores y sabores, que el recuerdo original no poseía.
De mi madre recuerdo su risa y la fascinación que sentían las personas con las que hablaba. No recuerdo lo que decía, pero desde mi casi metro de altura, veía que las personas las escuchaban atentamente. También que hablaba con todos de la misma manera, simple y sin arrogancias; con la misma gestualidad y la misma suavidad, se tratara del lechero como del vecino abogado.
Recuerdo su vestido verde musgo con flores marrones y un vientre prominente que anunciaba la llegada de no sé cuál de mis hermanos.
A veces siento, que extrañamente en ésta marañas de ideas surgidas de los siete años que la tuve, fue la persona que más se concentró en mis deseos, que le dio más vuelo a mis palabras. Leía mi cuaderno escolar, con la misma pasión que leía un libro de filosofía.
Cambiaba continuamente los muebles de lugar, como queriendo que su realidad fuera siempre una fiesta. Esa casa de mi infancia, era muy humilde, pero ella hacia que se viera fantástica. Recuerdo especialmente unas cortinitas de papel blanco, decoradas a tijera como si fuesen puntillas...
Inventaba métodos para que aprendiera las tablas de multiplicar, me daba razones, motivos, mientras yo la miraba distraída, sentada en el marco de la puerta de la ...en ese entonces ...cocina?. Por ultimo, cuando veía que las razones no eran suficiente sustento, recurría a lo infalible...la promesa de un viaje a visitar a mis abuelos.
Amaba profundamente a las plantas, las acomodaba, las regaba, les hablaba y las cambiaba de lugar como si ellas constituyeran una familia, que se alegraran por sí mismas de la cercanía o la lejanía de la begonia o de la potota verde. La mayoría de esas plantas, eran frutos de sus paseos, a casas de personas que eventualmente conocía y se hacían sus grandes amigas. Antes de regresar, inevitablemente, cosa que he heredado, pedía un gajito de aquellas que más le agradaran.
De su cocina, no recuerdo el sabor, pero si el preludio de los aromas... que me hacían sonreír.
Cuando se sentía enferma, cosa que fue algo recurrente en el ultimo año, sacaba de quien sabe donde algún artilugio para que lo triste se convirtiera en mágico. Yo me recostaba a su lado, y ella en un block de papel de dibujo, representaba con lápiz, las formas de la humedad que el techo poseía. Era un techo extraño, cosa que no he vuelto a ver... con tirantes de madera oscura y recubierto el cielo raso de una especie de papel canson gigante. Sobre aquello, las manchas de humedad, pasaban a ser brujas hechiceras, doncellas, animales...
Esa era ella. Esa era ella para mí. Compraba a escondidas regalos, nunca supe de donde ni como iría ahorrando para obtener ese dinero. El ultimo que recuerdo, fue un anillito de oro, con mis iniciales, que tontamente perdí, con un amor adolescente en la plaza de mi pueblo y nunca mas pude recuperar.
Esa era mi madre. Tan blanda y tan fuerte. Esperando el regreso de mi padre cada día, con la excitación de quien espera un tren expreso. Los minutos previos a la su llegada, la veíamos correr por todos lados, con el deseo de que todo estuviera perfecto.
Me hubiera gustado conocerla un poco más. Que ella conociera a mis hijos. Que ellos la conocieran.Pero se fue un día de octubre, cuando paradójicamente le traje una rosa roja y una tarjeta de felicidades, escrita con mi letra infantil.
Y aunque parezca loco, sigo buscándola en cada rostro de la calle, en cada multitud. Porque creo, que nos debemos una charla. Dios no debería dejar a nadie ir sin despedirse. Mucho menos de un niño.
3, abr | 3 comentarios lucreciamarote En: Poesia del Autor compártelo Tags: recuerdos, madre








3 comentarios
Cuanta emoción me produjo leer "Asi era ella",ya que como fui afortunada y conoci a tu madre,digo que leer tu descripción,es traer a mi mente esa figura tierna de mamá orgullosa,se lucrecia que siempre sentiras un gran vacio,pues ese hueco jamás se llena,pero mira hacia adelante,recuerdala siempre con esa facilidad literaria que tienes,al igual que ella,de poder escribir con tanta riqueza,que leer algo tuyo es alimentar el alma.Me encanta tu pagina.felicitaciones y ¡adelante!
Me encantó tu "blog", son muy lindas tus poesías. Le contaba a Gon que cuando eras chiquita escribiste una poesía que mandaste a un concurso y que ganaste un premio, MAMA MILAGROS, a mi me la enseño la Señorita Julieta Adobato cuando estaba en 4to., entre otras de escritores locales, y es la única de aquellas que todavía me acuerdo de memoria.
Un post conmovedor, se me hizo un nudo en los dedos. Ojalá puedas encontarte con ella, en la vida que sea, ha sido para tí, aún en su ausencia, una gran maestra. Un besote, Lu
Escribe un comentario